La ingobernabilidad de las democracias

El mundo académico progresista de Europa convive entre un ferviente debate generado este último par de años acerca del futuro de la UE y la democracia. Dos pensadores provenientes de la misma escuela, el célebre filósofo y ensayista Jurgen Habermas y el sociólogo Wolfgang Streeck, difieren profundamente sobre las consecuencias (y posibles soluciones) del sistema en que vivimos. El primero apunta a la (des)unión de los miembros de la Comunidad Europea, mientras que el segundo hace hincapié en el plano estrictamente económico y en la influencia que ejercen las grandes empresas que avanzan incluso sobre los sistemas democráticos.

 

Desde que el capitalismo se renovó hace algunas décadas y surgió el sistema financiero salvaje, este continuó con su marcha y no hace más que devorar todo lo que encuentra a su paso: gobiernos, economías, monedas, todo. La crisis económica del 2008 fue una demostración de la catástrofe que genera la especulación y el descontrol de los mercados bursátiles globales. Sin embargo, casi diez años después pocos pueden afirmar que como consecuencia de ese shock se generaron reformas de índole intervencionistas.

Lo cierto es, como bien afirma Streeck, que el lobby y los intereses de unos pocos grandes de la industria de alimentos y farmacéutica mundial, además del inmenso poderío de bancos que en un abrir y cerrar de ojos pueden hacer fugar millones de dólares y provocar crisis y devaluaciones, son los que tienen el verdadero poder. El condicionamiento que estos pocos actores ejercen sobre cientos de gobiernos alrededor del planeta es tal que es difícil hablar de democracias cuando políticos con o sin buenas intenciones están al mano de países que ni ellos mismos pueden gobernar. Las decisiones las toman otros.

Por otro lado, Habermas se centra en la necesidad de unificar una Europa golpeada económicamente y cada vez con mayores diferencias políticas. La salida del Reino Unido de la UE y la destrucción económica que sufrieron países de pequeñas y medianas economías como consecuencia de las exigencias del euro, son una muestra clara de que los anhelos de quienes fundaron la vieja Comunidad Económica Europea hoy en día son utopías. Según este filósofo una de las crisis que existen hoy día es la de la legitimación del Estado contemporáneo, y señala que para combatirla hay que profundizar la cooperación política de Europa para salvar las democracias. Es decir, la unión hace la fuerza.

capitalismo democraciaAhora bien, entre esta teoría crítica (y propuesta de unión política) de Habermas y el caos generado por el declive de la relación entre capitalismo y democracia que refiere Streeck, se requiere de acciones todavía desconocidas. La actuación coordinada que pretende el filósofo alemán ha fracasado sistemáticamente hasta nuestros días, pues la gran mayoría de los gobernantes europeos poseen profundas divergencias ideológicas y de allí la falta de acuerdos, pero mientras tanto dan lugar a la teoría de Streeck: las diferencias políticas no hacen más que abrirle las puertas a la dominación del sistema financiero. Estos intereses no solo están por encima de las mayorías, sino también sobre los valores e ideales democráticos que poco a poco se encarga de debilitar. Sin proponer una alternativa viable, Streeck afirma que el capitalismo es un proceso histórico que tiene un final. En este caso, entonces, habrá que analizar si la contaminación generada por el sistema a la sociedad mundial impedirá (o no) construir una nueva alternativa.

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La paz en Medio Oriente y los desafíos ante Trump

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Ayer se llevó a cabo en París la conferencia por la Paz en Medio Oriente, donde se emitió un comunicado con la firma de los 75 países participantes donde llama a que Israel y Palestina se sienten a urgentemente a negociar. El texto, que no es vinculante, hizo hincapié también en la preocupación de la comunidad internacional sobre las intenciones de Estados Unidos de trasladar su embajada a Jerusalén. Trump, mientras tanto, continúa con polémicas declaraciones y apoya al primer ministro Netanyahu y la UE se mantiene en alerta.

 

En vísperas de año nuevo el Consejo de Seguridad de la ONU dio la nota tras la resolución 2334  que condenó por primera vez los asentamientos israelíes en territorios palestinos. Si bien no se ejecutaron sanciones, significó un cachetazo para las políticas y estrategias de Benjamin Netanyahu: por un lado, su fiel e histórico aliado Estados Unidos, que siempre había frenado con su poder de veto todo intento de correctivo a Israel, esta vez se abstuvo y dio así vía libre a que los 14 miembros restantes votaran a favor. Y por otro, el texto no sólo llama a poner fin a la ocupación ilegal sino también dice no reconocer frontera alguna posterior a la establecida en 1967 por Naciones Unidas. Además de histórica, la resolución puso en evidencia ante el Mundo todos los incumplimientos del derecho internacional por parte de Israel y su dependencia del gigante americano que esta vez le soltó la mano.

 

Ayer, en París, se escribió un nuevo capítulo. Organizado y promocionado por Francia, que paradójicamente aún no reconoció oficialmente a Palestina como Estado, 75 países llamaron a las partes a sentarse a negociar y a brindar apoyo para lograr un acuerdo. Sin embargo, Netanyahu rechaza cualquiera tipo de pedido de diálogo multilateral ya que considera que, a pesar de que la discusión se encuentra estancada hace años, la única salida posible es el pacto bilateral.

 

Ahora bien, la Cumbre por la Paz en Medio Oriente fue la antesala también de la asunción de Donald Trump como próximo presidente de Estados Unidos. En el texto, los 75 países que participaron ayer demuestran su preocupación en torno a las declaraciones y amenazas del magnate, que por un lado quiere trasladar la embajada de su país a Jerusalén, ciudad que quiere reconocer como la capital de Israel, y que además promete obstaculizar nuevamente todo intento de la ONU para promocionar el diálogo con Palestina.

 

En la previa al inicio de su mandato, el republicano continúa con sus polémicas frases: desde reafirmar que hará pagar a México el muro divisorio, hasta criticar a Merkel por su política inmigratoria y calificar a la OTAN de “obsoleta”. La preocupación ante esas (y otras) declaraciones de Trump pone en alerta a la Unión Europea, que tiene ante sí la oportunidad de demostrar su peso para hacerle frente a las nuevas políticas norteamericanas que amenazan con patear el tablero geopolítico mundial.

Un año nada piadoso

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Termina un agitado 2016 como no podía ser de otra manera, con noticias, tensiones y cuestiones pendientes para el año próximo. Por un lado el nuevo, extravagante y ¿peligroso? nuevo presidente en Estados Unidos, la guerra en Siria que luego de cinco años parece comenzar su fin, la lucha mundial contra el Estado Islámico y la ola de atentados que se llevó miles de vidas en Europa y Medio Oriente, y la reciente e impactante noticia de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condena, por primera vez, los asentamientos ilegales de Israel en territorios palestinos. En Europa el Reino Unido pateó el tablero con el Brexit y se abrió el debate sobre el futuro del euro, los refugiados y la estabilidad del Viejo Continente. Enero a su vez ya nos espera con grandes sucesos: la asunción de Trump, la conferencia de Paz en Medio Oriente celebrada en París (donde se espera otra ofensiva contra Israel) y las elecciones primarias de la izquierda en Francia son algunos de los eventos de un 2017 que promete ser intenso.

 

Desde hace menos de dos meses el Mundo entero intenta digerir el triunfo de Trump en las elecciones de Estados Unidos. Pasado el shock inicial, muchos esperan con ansiedad y curiosidad ver qué va a hacer el multimillonario que aún no asumió pero ya hace lobby y ejerce presión en las últimas medidas con Obama al poder. Tras el rumor de que su país iba a abstenerse en el voto condenatorio a Israel en el Consejo de Seguridad, tras años de vetar cualquier iniciativa de este tipo hacia su aliado más fuerte en Oriente Medio, el empresario expresó públicamente su posición entorno al tema y realizó varios llamados para frenar la votación. Su campaña fracasó y la ONU por primera vez rechazó los asentamientos ilegales de Israel en territorio palestino. Sin embargo, el presidente electo ya juega fuerte en la política internacional. A partir del 20 de enero se pondrá en acción el hombre al que muchos temen. Habrá tiempo de analizar hasta donde pretende llegar.

 

La guerra en Siria fue indudablemente la mancha negra de este 2016 que termina. Atentados, enfrentamientos y bombardeos causaron la muerte de miles de inocentes que quedaron atrapados entre el fuego de una cantidad de actores que se enfrentan que al comienzo de esta guerra era impensado. Estados Unidos, Francia, Rusia, Irán, Turquía, el Estado Islámico, Siria y los kurdos son los protagonistas más destacados y con mayor participación en esta compleja y dura contienda que vive y divide a Medio Oriente. A inicios de diciembre finalmente llegó la noticia de que Alepo, el centro de batalla hoy día, fue recuperado en su totalidad por el gobierno de Al Assad. Ahora resta saber cuándo las tropas lograrán el control total del país y, lo más importante, qué va a pasar con el futuro de Siria y su presidente. El camino más temido es que ocurra lo mismo que se hizo tras la guerra de Irak y Afganistán: el abandono total de países destruidos por la guerra, o si esta vez la comunidad internacional logra dar el ejemplo y se establece una ayuda al estilo Plan Marshall para la reconstrucción y recuperación del país.

 

La lucha contra el Estado Islámico, que se había hecho con el control de importantes territorios en Siria, también es otro conflicto que atravesó todo este 2016 y continúa solución alguna. La ola de atentados organizados y reivindicados por el EI a lo largo y ancho del planeta marca un precedente en la manera de accionar del terrorismo internacional: antes los blancos eran específicos, las grandes potencias involucradas en post de sus intereses en guerras e internas ajenas, y los atentados eran organizados durante años y llevados a cabo a gran escala, como en las Torres Gemelas o la central de trenes de Atocha. Hoy estamos hablando de una ola de atentados mundial sin un objetivo claro y los ataques son perpetrados por una o un puñado de personas que atacan en cualquier parte y sin distinción de víctima, y a un puñado o a cientas de personas. Su accionar es rápido y muchas veces impredecible, de allí su efectividad y peligrosidad, que tiene en alerta a toda Europa, Estados Unidos y Medio Oriente principalmente. El grado de paranoia ante estos locos sueltos sólo genera más islamofobia y la sensación de que estamos ante un problema complejo sin solución pacífica alguna.

 

En medio de estos eternos conflictos que sufre Medio Oriente hay otro enfrentamiento que lleva más de 50 años y que este mes escribió un nuevo capítulo, y es la primera resolución del Consejo de Seguridad (el único órgano vinculante de la ONU) que condena los territorios ocupados de Israel en Palestina. Tras años de veto estadounidense ante cualquier iniciativa contra su fiel e histórico aliado, y luego de meses de tensiones con Netanyahu finalmente el gobierno de Obama decidió abstenerse en la votación y le abrió el camino a los 14 votos afirmativos (ninguno negativo) que resolvieron condenar la construcción de asentamientos fuera de la única frontera reconocida, la de 1967. Si bien no se impusieron sanciones, sí se sienta un precedente histórico y abre la posibilidad a que Israel pueda ser denunciado ante la Corte Penal Internacional, pero aún antes de la asunción de Trump, se celebrará en París una Conferencia por la Paz en Oriente Medio, donde se esperan otros textos y medidas contra ese país.

 

En Europa se celebraron pocas elecciones, con ningún triunfo resonante o inesperado, pero este 2017 que comienza sí viene con cambio de presidente en Francia tras la baja de Hollande de la competencia, y en Alemania, donde Merkel aspira a continuar en el poder. Sin embargo, diciembre marcó el fin del gobierno de Renzi en Italia, que renunció al poder tras perder el referéndum que pretendía reformar la Constitución, y nuevamente el presidente eligió un Primer Ministro que no fue elegido mediante las urnas. Sin embargo, el golpe brutal del año lo dio Gran Bretaña con su salida de la Unión Europea y el temblor político y económico que generó la salida del tercer grande del Continente, junto a Alemania y Francia. El temor a otros referéndums similares está en el aire en una comunidad de países que se unieron bajo valores e intereses comunes y en post de evitar diferencias que ocasionaran otra guerra pero que cada día se distancian más entre los más favorecidos y quienes sufren las órdenes de arriba, es decir, de Bruselas.

 

Con este breve panorama de un año intenso, llega un 2017 cargado de sucesos interesantes y complicados pero no por eso menos apasionantes. El 2016 puede ser catalogado como difícil, pero son pocos los que recuerdan épocas de paz y prosperidad mundial. Mientras sigan mandando unos pocos, la racha continúa.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Residir unos meses en un país, sea cual fuere, permite sin dudas entender y reflexionar sobre distintas cuestiones de la vida política, económica y social desde otra perspectiva. Cualquier turista medianamente informado puede llevarse una impresión un poco errónea sobre cómo están realmente las cosas en Francia desde la crisis que comenzó en 2008 y aún no cesa: un país desarrollado pero con desigualdad, gente durmiendo en la calle, mucho loco dando vuelta y ahora campamentos de refugiados repartidos en varias ciudades. Sin embargo, pasar más tiempo aquí puede darte sorpresas, y es que el empleo es alto y el Estado está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana, aún cuando las medidas tomadas en los últimos años por los distintos gobiernos son de centro derecha.

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A pocos meses de las elecciones presidenciales, el empleo está nuevamente en el centro de la campaña, y Hollande había prometido que si él no finalizaba su mandato con una suba en los indicadores, no iba a presentarse en la reelección. El tiempo, y al final de la recta, vale decir, le dio la razón y hoy pueden verse un pequeño crecimiento porcentual en el trabajo. Pero, a diferencia de Argentina, la preocupación aquí está centrada en los asalariados profesionales, y es ahí donde todos apuntan y prometen mejorar las cifras, pero lo cierto es que en los rubros más generales donde no se necesita diploma para trabajar, la oferta es alta. Turismo, restaurantes y bares, hotelería, recepcionistas y vendedores son algunos ejemplos donde puede conseguirse sin demasiada dificultad un salario mínimo, siempre regulado por ley.

 

Ahora bien, estudiantes y/o trabajadores de clase media o baja pueden gozar de ayudas estatales que a más de uno dejaría con la boca abierta: becas de estudio (de 800 a 1300 euros en promedio), subsidio para pagar el alquiler, créditos, seguro de desempleo de hasta un año, descuentos y ayudas para familias conformadas, jubilados y personas sin trabajo. Estos son algunos ejemplos de cómo, siempre mediante trámites burocráticos engorrosos, el Estado no permite prácticamente que haya gente sin hogar o con hambre en toda Francia. Al fin y al cabo, las personas que piden monedas durante el día y por la noche duermen en la calle o el subte tienen acceso a dormitorios que algunos eligen no ir.

 

Un Estado ultra burocrático pero presente y eficaz, inflación cero, salud y educación públicas y trabajo en negro inexistentes hacen dar cuenta que su realidad y preocupaciones están muy lejos de las nuestras, donde las crisis son realmente crisis. Desde su esplendor tras la Segunda Guerra Mundial, el Estado de bienestar prevalece aunque los recortes al gasto público, el aumento de la edad jubilatoria y las leyes de flexibilización laboral, entre otras medidas, generen importantes daños en la estructura de asistencia que gozan millones de franceses. Esos cimientos que en Argentina pueden desaparecer en sólo un par de meses, en Francia sin intocables.

 

Pero, por otro lado, la crisis (y ahora sí palabra bien empleada) de refugiados causa estragos en la vida política del país. Ciudadanos divididos entre los que quieren frenar la entrada de desplazados y evitar así la inseguridad y el goce de derechos que creen no les pertenece, y otros que quieren ayudarlos y encontrar una solución pacífica y justa. Pero todos coinciden en que la cuestión se agrava día a día y puede tornarse incontrolable, los campamentos en las calles con cientos de miles de adultos y niños que no pueden cubrir sus necesidades básicas, es una triste postal que cesa. Y la campaña política, como no podía ser de otra manera, también está centrada y dividida sobre cómo resolver el problema: desde construir muros y echarlos como perros a sus países en guerra y con hambre como busca la ultraderechista Marine Le Pen y el cada día más discursivamente oportunista Nicolás Sarkozy, hasta moderados como Hollande que quiere colaborar pero no sabe cómo.

 

Si de crisis hablamos, Argentina puede dar una clase magistral sobre qué conlleva verdaderamente esa palabra. Pero a su vez Francia podría aprender un sinfín de valores humanitarios que nuestro país históricamente defiende en todas las instituciones internacionales, mientras que en el Viejo Continente queda de las puertas para adentro.

La venganza turca

Un presidente sin pelos en la lengua, atentados, enfrentamientos armados, disputas con la Unión Europea, intento de golpe de Estado, pena de muerte. Estos son algunos de los hechos que se sucedieron en los últimos meses y que han colocado a Turquía en un actor principal en la política internacional. Luego de recuperar el poder, el carismático Erdogan implantó un autoritarismo que pone en duda la existencia de los valores democráticos que caracterizan al resto de Europa.

Erdogan

En noviembre de 2015, en pleno conflicto sirio, la coalición que unió a la UE con Rusia para atacar en conjunto al Estado Islámico tuvo un ataque inesperado de un actor que hasta ese momento se mantuvo aislado de la contienda: con la excusa de sufrir una invasión de su espacio aéreo, Turquía derribó un avión de combate ruso que causó la muerte de sus dos pilotos. Putin, furioso tras el ataque, acusó al gobierno de turco de haberlos traicionado y ser cómplices del terrorismo. Y fue más allá, su gobierno comenzó a vincular a Erdogan con la compra de petróleo a los yihadistas que ocupaban ciudades con reservas hidrocarburíferas. Finalmente, la semana pasada el mandatario turco visitó a Putin y ambos estrecharon la mano en un gesto de reconciliación tras el incidente. Sin embargo, la lupa sobre Turquía y sus intereses en la guerra siria ya estaba puesta.

 

El martes 28 de junio una serie de atentados en el aeropuerto de Estambul, con un saldo de más de 40 muertos, volvieron a conmocionar al Mundo y a convertir a Turquía en una nueva víctima de ISIS, que ya hacía meses combatía no sólo frontera con Siria sino ya incluso con disputas directamente dentro del territorio turco. Erdogan llamó entonces a combatir en conjunto, sin embargo los problemas no acaban allí, sus disputas con los kurdos (etnia que habita en la región de Kurdistán) que hace décadas  reclaman su independencia, provocó una serie de atentados en los últimos años que suman conflicto interno al ahora desatado a nivel internacional.

 

La sumatoria de hechos preocupantes en el país miembro de la OTAN y clave por su ubicación geográfica sumó un nuevo episodio: la noche del viernes 15 de julio pobló los portales internacionales con imágenes de cientos de soldados armados en carros de combate en Estambul. Según anunciaron luego, un inesperado golpe de Estado sacudía a Turquía. Lo que parecía poner en jaque el futuro político del país y ante la sorpresa de una Unión Europea que no tuvo una rápida reacción, finalmente no prosperó y Erdogan salió victorioso y fortalecido tras frenar y detener la insurrección militar. Con el correr de los días se inició una purga que provocó la detención de más de 100 generales de las Fuerzas Armadas y más de 8000 agentes suspendidos acusados de participar del golpe. Pero el carismático presidente turco, envalentonado, fue más allá y suspendió y apresó a gobernadores, funcionarios civiles, maestros, jueces y policías. Asimismo, cerró más de 100 medios de comunicación y ordenó detener a 47 periodistas que están acusados de tener vínculos con Gulen, clérigo musulmán exiliado en Estados Unidos que es el principal apuntado por el gobierno como responsable del intento golpista.

 

El autoritarismo desatado por Erdogan puede resumirse en dos hechos puntuales de estos días: la liberación de presos comunes de las cárceles para hacer lugar a los cientos de miles detenidos por el gobierno en la purga interna, y el llamado de su presidente a modificar la Constitución para permitir la pena de muerte “si el pueblo quiere”. Pocos días después de esa frase tuvo que dar marcha atrás y pidió un proceso justo e imparcial, sin embargo la preocupación aumenta sobre este actor clave en la conexión Europa-OTAN-Medio Oriente- Rusia. Las demostraciones de poder no hacen más que poner en jaque la democracia, y asimismo parece un acertijo sin respuesta determinar a qué juega Turquía.

 

Terror en Niza, paranoia colectiva y cobertura mediática

El atentado que tuvo lugar en la ciudad de Niza, al sur de Francia, provocó más de 80 muertos y un sinfín de especulaciones que durante la noche del 14 de julio sembraron pánico en todo el país. Desde una toma de rehenes hasta un incendio sospechoso en París fueron desmentidos después por las autoridades como posibles ataques terroristas. Debate y críticas por la difusión de imágenes no aptas.

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Francia, una vez más, vivió una noche de terror. Tres atentados en un año y medio, con daños físicos y morales que dejan su marca en la historia contemporánea. Una nación golpeada una y otra vez con una violencia inusitada y sin un blanco fijo, o, mejor dicho, todos. Esta vez no fueron ataques con explosivos ni kalashnikov, sino un camión que a gran velocidad atropelló como palos de bowling a toda persona que se encontrara en su camino. Para su efectividad, miles de ciudadanos y turistas festejaban en ese momento el día de la Bastilla en Niza como en todas las ciudades del país.

 

Los tradicionales festejos del 14 de julio suelen finalizar por la noche con conciertos al aire libre y fuegos artificiales. El miedo a los atentados ante las grandes conglomeraciones que reúnen estos eventos desplegó un dispositivo de seguridad a lo largo y ancho de todo el país. Vallas, cacheos, prohibición de portar botellas de vidrio y alcohol y hasta tapas de plástico, como así también mochilas o carteras grandes. Ahora cualquier evento en Francia requiere una docena de requisitos para entrar y, si es al aire libre, se celebra dentro de un cerco policial que hace las veces de corralito.

 

En París todos los años más de 400 mil personas se reúnen delante de la Torre Eiffel para escuchar orquestas de primer nivel internacional y luego los tradicionales fuegos artificiales que iluminan el cielo de la capital. El jueves, durante la desconcentración aún no habían llegado las noticias de Niza cuando el ruido de cuatro explosiones generó paranoia en parte de la gente que caminaba por la calle. Algunos continuaron su paso como si no hubieran escuchado nada, otros comenzaron a alejarse del lugar, mientras sonaban sirenas de policías y bomberos. Finalmente, una esquina bloqueada por las autoridades dejaba ver a lo lejos un incendio al pie de la Torre que no hizo más que sembrar dudas. Minutos después los videos y noticias sobre lo que sucedía al sur del país invadía los celulares de los asistentes, mientras corrían rumores de una toma de rehenes y se relacionaba al fuego con ataques terroristas.

 

Sin embargo, ambas especulaciones fueron negadas por las autoridades. La toma de rehenes era una falsa noticia que circulaba por las redes sociales, y el incendio al pie de la Torre Eiffel sólo un accidente provocado por la pirotecnia. Pero el alivio de esas confirmaciones no fue suficiente, la cantidad de muertos en Niza ascendía de a docenas, y la palabra terrorismo ya era un hecho, al 7-E y el 13-N ahora se sumaba el 14-J. Más de 230 muertos en un año y medio.

 

A pesar de lo sucedido, Niza contaba con un alto dispositivo de seguridad, conformado por militares, policías, perros, cámaras, patrullas y control marítimo. La Costa Azul de Francia tuvo varios eventos que reunió a multitudes y por los cuales se viene trabajando desde inicios de año: desde el carnaval de febrero, uno de los más importantes del Mundo, hasta el festival de Cannes, los partidos de la Copa Euro y ahora los festejos del 14 de julio. Sin embargo, la metodología de ataque tomó por sorpresa a todos y el camión se convirtió durante unos minutos en un objeto incontrolable.

 

Por otra parte, dentro de la amplia cobertura mediática de los hechos, la televisión pública francesa ha recibido duras críticas por emitir durante la noche del 14 videos del camión atropellando personas y una entrevista a un hombre sentado junto al cadáver de su mujer. El grupo audiovisual, que posee la señal France 2, emitió un comunicado en su web donde se disculpa y señala que la difusión de esas imágenes “no se corresponde con la concepción de la información de su equipo de periodistas”. Pero también hubo otros canales como TF1 y BFM-TV que difundieron videos de aficionados que atentan contra la sensibilidad. Tras estos hechos, el viernes por la mañana El Consejo Superior Audiovisual pidió prudencia a los medios de comunicación para “proteger la dignidad humana y el dolor de las víctimas”.

La investigación y la cobertura mediática continuará durante días y semanas. Alerta máxima y duelo nacional durante varias jornadas. Hollande se muestra sereno y llama a la unidad, pero a su vez sobrepasado ante tanta violencia y pánico. El protagonista de los hechos, abatido por la policía tras descender del camión, un francés de origen tunecino de 31 años, casado y padre de tres hijos, con antecedentes penales pero nada relacionado al EI. El debate continúa, la búsqueda de un culpable también. La participación de Francia en Siria es un componente no menor, pero ahora parece ser el principal enemigo del jihadismo en Europa. Quizás la historia, cargada de intervenciones armadas, destrucción y posterior abandono, colonialismo e intereses políticos, sea la única capaz de responder todas las preguntas.

Fútbol, Brexit, reforma laboral e inseguridad

Futbol, inseguridad..

Este popurrí de temas puede verse en la calle y la prensa por estas horas en Francia. Decenas de hinchas de toda Europa pasean por las calles de París cantando en sus idiomas y bebiendo cerveza, y de la Torre Eiffel cuelga una pelota que conmemora la Eurocopa que paraliza a todo el Viejo Continente. La seguridad en las calles se multiplica, los aeropuertos tienen más militares que civiles, y los paseos turísticos ahora cuentan con variados y molestos requisitos de seguridad. A este panorama se suman las protestas contra la reforma laboral y la incertidumbre generalizada tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea. La falta de certezas a un año de las elecciones presidenciales es palpable en el día a día de la ciudad de la luz.

 

Las protestas contra la ley de reforma laboral, que no es más que una flexibilización hecha a la medida de los grandes empresarios y típica de un gobierno de derecha que en estos días se dice llamar socialista, continúan su marcha y prometen no detenerse aún tras haberse realizado algunas modificaciones al proyecto original. Las reuniones en las plazas con jóvenes y organización que recuerda al Movimiento 15-M de España, comienzan con varios oradores que por altavoz anuncian los pasos a seguir para luego movilizarse en masa por las principales calles de París. Los sindicatos se encuentran fuertes y unidos en el reclamo contra una ley que pretende, entre otras cosas, que los contratos y acuerdos de trabajo a partir de ahora se acuerden entre empleado y empresa, dejando de lado las regulaciones de las distintas cámaras que nuclean las actividades laborales. El gobierno no cede y promete, en cambio, que esta nueva disposición traerá más empleo.

 

La Plaza de la República, lugar de encuentros y protestas de los manifestantes, se convirtió a su vez en un santuario donde miles de personas rinden homenaje a los muertos tras los atentados de Charlie Hebdo y del 13-M. Ahora también se suman velas y carteles que recuerdan a una pareja de policías asesinados hace dos semanas. Los recientes e impactantes hechos dejaron una ciudad herida pero que continúa con su ritmo de vida normal. La paranoia, si existe, no se manifiesta entre los habitantes de París, que saben que este conflicto está lejos de llegar a su fin.

 

Sin embargo, la cantidad de policías y militares en calles y aeropuertos se triplicó, y las medidas de seguridad también. La Torre Eiffel está rodeada de vallas, la entrada a los museos requieren control absoluto de mochilas e incluso hay límite de tamaño para entrar, los parques pueden cerrarse de pronto por prevención, y los partidos de fútbol no se emiten en grandes lugares ni al aire libre por temor a atentados. Los “fan zone” que hay para mirar partidos tienen forma de corralito y sólo pueden accederse a ellos tras varios cacheos.

 

El último condimento de este popurrí de primeras observaciones en París es el complejo Brexit que hoy en día preocupa a toda la comunidad europea. La caída en las bolsas no impacta en los bolsillos de los franceses, por ende la cuestión económica no es lo más preocupante entre la gente todavía, sino la incertidumbre que genera que un país tan importante deje la UE con todo lo que ello significa, principalmente por los valores que unificaron Europa para impedir que sus diferencias lo lleven a más guerras. Además, las trabas burocráticas estarán a la orden del día y ya no se podrá ingresar sin visado, algo prácticamente inexistente entre países del Viejo Continente hoy en día. Mientras en los medios se debate sobre el futuro de Europa sin los británicos, en Bruselas y Berlín el resultado del referéndum impactó como una bomba. La cuestión ahora es saber si ello servirá para generar cambios en la política de la UE, que posee parte de la culpa de este rompimiento, o si, como generalmente sucede, seguirá todo igual de.. mal.